¿De qué forma puede ayudar a su hijo a superar el miedo al agua?
Tal cual como el miedo a la oscuridad, a los fantasmas o simplemente a ir a la escuela, el miedo al agua es algo bastante común entre los niños. Incluso aquellos pequeños que disfrutan salpicando dentro de la bañera o de la ducha, pueden llegar a sentir un miedo sumamente abrumador que los paraliza cuando se acerca el momento de nadar en una piscina, en el mar o en un lago. Desde el punto de vista de cualquier padre, esto puede ser preocupante.
En este sentido, acostumbrarse y sentirse cómodo con el agua es una especie de sello de seguridad que tendrán los más pequeños de la casa en su posterior vida adulta. Ahora bien, si en su caso ha tenido la oportunidad de rentar nuestros botes y utilizar los servicios de Volcano Watersports, sabrá de primera mano que esta es una experiencia extraordinaria tanto para grandes y pequeños. Sin embargo, si el miedo inicial al agua por parte de los niños se mantiene y no se maneja adecuadamente, este puede terminar arruinando estas actividades, e incluso, cerrar toda posibilidad a realizarlas de nuevo.
El ejemplo de la luz nocturna
Si se ha dado cuenta a tiempo de que su hijo realmente sufre miedo al agua, debe intentar prestarle atención y hacer todo lo que está en sus manos para ayudarle, recuerde que el miedo no desaparecerá solo.
Eso sí, no todas las cosas funcionan igual para los distintos miedos que se pueden presentar en la infancia; tal y como leyó anteriormente, es normal que los niños experimenten múltiples temores en edades tan tempranas. Es por ello que apresurarse a eliminar estas conductas no es una opción, ya que la mayoría de estos miedos, a veces irracionales, suelen ir disminuyendo poco a poco porque son una parte natural del crecimiento de cada persona.
Tomemos el ejemplo del miedo a la oscuridad y comparémosle con el temor al agua. Para abordar el primero de ellos, los adultos suelen dejar la puerta del cuarto del niño abierta para que no quede completamente a oscuras o instalar directamente una lámpara que proporcione algo de luz. En este sentido, el miedo del pequeño debería irse disipando progresivamente, ya que sus padres bloquearon de forma directa el temor a la oscuridad, proporcionándole un poco de luz.
Por su parte, el miedo al agua debería abordarse desde una perspectiva un poco diferente. Piense en que la natación per se no es una etapa obligatoria en la vida de su hijo, en cambio, la oscuridad sí vendrá obligatoriamente cada noche. Esta es una de las razones principales del porqué el temor a la falta de luz desaparece más rápido, los niños luchan contra este todos los días. Al exponerse diariamente a este temor, terminan forzando su cerebro a renunciar a ese miedo irracional por la oscuridad, reconociéndolo y logrando con el tiempo apagar por sí solos la luz nocturna.
Ahora bien, si hacemos referencia al agua, la gran verdad es que la exposición no está siempre garantizada. Es decir, si usted no se dedica a exponer a su hijo de forma periódica al agua —ya sea en una piscina local o inscribirlo en clases de natación— ese miedo puede pasar a ser parte importante de su personalidad adulta, ya que se instaló en los rincones más profundos de su mente y no hubo confrontación. Precisamente esta es la clave para vencer este temor: la confrontación regular.
¿Por qué su hijo le tiene miedo al agua?
Es fundamental entender las razones de este temor, antes de comenzar a ayudar a su hijo a sobrellevar su miedo. La verdad es que pueden existir varias razones, la primera puede estar relacionada con una herencia genética, ¿usted y su pareja son personas emocionales o muy sensibles? La sensibilidad a nivel genético puede influir en el niño y amplificarse durante sus primeros años de vida. Asimismo, los pequeños de la casa tienden a aprender o a imitar el comportamiento de sus padres, así que en este sentido, si alguno de ustedes está demostrando patrones de ansiedad, por ejemplo, es bastante probable que su hijo replique estas actitudes.
Por otra parte, los niños pequeños ven y disfrutan de la vida según las cosas que observan y experimentan. El miedo a lo desconocido es algo racional para ellos, y en este caso, el agua es un agente completamente nuevo. Recuerde que no tienen conocimiento más allá de las cosas que ven, razón por la cual su imaginación puede intervenir y crear escenarios desagradables como ser succionados por un desagüe o morir ahogados. Su desarrollo aún no está completo y no son capaces de percibir que su miedo al agua es irracional.
¿Cómo puede ayudarles a superar su miedo?
Para lograr sobrellevar este temor con éxito, es fundamental que entienda que no basta solo con exponer a su hijo al agua, es decir, no pasa solo por llevarlo a un lago o la piscina de su localidad a esperar que el miedo se vaya por sí mismo. En estos casos, existen algunos elementos que puede poner en práctica para que este proceso sea menos temeroso y lo más seguro posible:
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Paciencia
La gran verdad es que su hijo no quiere tenerle miedo al agua, de la misma forma que usted no desea que él lo tenga, es por ello que la paciencia debe ser lo primero en su agenda. Por ejemplo, si el pequeño en una primera instancia solo desea meter los pies al agua y así está tranquilo, no se preocupe, con el tiempo, al observar a otras personas interactuar con el agua, en especial niños, lo natural es que sienta impulsos de tomar el primer paso por el mismo.
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Introduzca sus pies en el agua
Ya que los niños tienden a seguir el comportamiento de sus padres y siguiendo un poco con el punto anterior, no es una mala idea pensar en meter los pies al agua primero y luego invitar al niño a hacerlo. De esta manera, es más probable que lo sigan y es una forma de darles seguridad y acompañamiento.
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Incluya equipamiento
El equipamiento o juguetes especial como los fideos y lilos pueden ser bastante útiles para que su niño gane confianza y no se sienta tan avergonzado frente a los demás.
Por ejemplo, para un pequeño de 7 años que aún está temeroso del agua, puede resultar muy humillante observar cómo otros niños de su edad nadan sin ningún tipo de equipamiento como los chalecos salvavidas o brazaletes. A la larga, esto puede terminar generando más sentimientos negativos hacia el agua. En cambio, usted como padre puede introducir juguetes como lilos o fideos para que su hijo pueda seguir sumergido en el agua con esa flotabilidad y ayuda extra que proporcionan dichos equipos.
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Haz que sea una actividad divertida
Si en su caso su hijo ya sabe nadar porque lo aprendió a temprana edad, pero aun así desarrolló miedo al agua, debería priorizar actividades acuáticas que estén cargadas de diversión. El surf, el esquí acuático o la vela son opciones idóneas para mostrarle que estar en el agua puede ser algo realmente divertido. La idea es que se centren en pasarla bien y se olviden un poco de lo que implica sumergirse en el agua.
Concretamente con el esquí acuático, por ejemplo, hemos observado cómo muchos pequeños han salido de la actividad con una sonrisa de oreja a oreja, cuando en un principio empezaron temerosos o con muchos nervios. Al disfrutar del momento, comenzarán a percibir el agua desde un punto de vista más positivo y podrán acercarse a ella más desde el placer, que desde la figura del miedo.
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No olvide los elogios
Al momento de ayudar a su hijo con su miedo al agua, es fundamental que recuerde que este va a responder a las palabras de aliento. No importa si está metiendo los pies al agua o ya se sumergió por primera vez, si tiene una oportunidad de elogiar a su niño, hágalo siempre que se pueda.
Es bien sabido, desde hace tiempo, que la autoestima de los niños y su confianza se ven fortalecidas cuando estos reciben elogios, ya que se sienten orgullosos de sí mismos y de sus logros. Al sentirse alentados de forma constante mientras están sumergidos, ayudarás a mantenerlos motivados y su relacionamiento con el agua, de nuevo, debería ser positivo.
¿Cuándo es momento de dar un paso más?
Existe una muy buena razón por la cual más arriba tocamos brevemente el tema de comprender de dónde viene el miedo de su hijo. Básicamente, la explicación por la cual su niño tiene temor al agua puede tener diversas implicaciones si la compara con las de otros infantes de su edad, es decir, cada miedo es diferente. Por poner un ejemplo, tal vez en lugar de tener un miedo que tiende a desaparecer de forma natural mediante la exposición al mismo, el niño podría estar presentando algún tipo de desorden o trastorno ansioso que yace debajo de todo.
La preocupación constante y obsesiva, así como los problemas de concentración o para dormir, pueden ser señales importantes de algún trastorno ansioso. En estos casos, es fundamental tomar las medidas adecuadas si se detectan algunos de estos síntomas. Es aquí donde un psicólogo puede ser de gran ayuda mediante su formación profesional para llegar al fondo de la situación.
En este sentido, un psicólogo está capacitado para verificar si existen problemas o desórdenes mentales y dotarlo de las herramientas necesarias para combatir dicha ansiedad, no importa si solo asistieron a una sesión. Aunque pueda parecer algo pequeño y a veces hasta innecesario, al final es muy difícil saber cómo se siente su hijo de verdad, por lo que es mejor prevenir que lamentar. Un simple miedo al agua puede esconder o ser síntoma de algo más profundo.
Una relación sana con el agua
Es perfectamente normal que los padres se esfuercen al máximo y piensen más de la cuenta para hacer el viaje de sus hijos lo más llevadero posible. Y aunque eso no está mal, el viaje no debe ser algo necesariamente tranquilo y pacífico. El relacionamiento del niño con el agua puede implicar inquietudes de todo tipo, miedos, rabietas y hasta lágrimas. Pero al mismo tiempo, puede ser un trayecto lleno de diversión, alegrías, orgullo y profundo alivio.
La relación del niño con un entorno acuático puede ser un proceso en el cual se vaya avanzando y se superen etapas si usted como padre da los pasos adecuados, ya sea yendo a la piscina cercana a su casa o probando wakeboarding por primera vez. Eso sí, no fuerce las cosas más de la cuenta, aquí lo importante es el acompañamiento y ser comprensivos con los temores del niño. Su misión es ayudar, orientar y elogiar; recuerde que más que un líder, usted es un compañero de viaje para su hijo.